El Retrato

U Bahn

El día en que juzgue con mis ojos y me arrepentí

Hoy iba en el metro, más temprano de lo normal, todo parecía igual como siempre, los vagones iban llenos. Una vez adentro, pude ver todo tipo de personas, los ejecutivos, los estudiantes, los que regresaban de alguna fiesta de despido del verano, aún bebida en mano y el alcohol haciendo efecto en el volumen de las carcajadas. Se podían notar miradas molestas que caían sobre los ruidosos pasajeros, y una ansiedad particular podía sentirse, tal vez por la hora, o por el frío que ya amenaza

Todo parecía trivial, hasta que de pronto, veo una persona que llama mi atención, y no precisamente por sus encantos. Cargaba una guitarra y un bolso de mano, ambas cosas las llevaba casi arrastrada, su aspecto era sucio y hasta hiperquinético. Finalmente decide sentarse en el único puesto disponible en el vagón, éste era junto a un muchacha, rubia y con grandes lentes cuadrados, ella leía concentradamente un puñado de hojas engrapadas por una esquina, en fin leía y no apartaba su mirada de la lectura. Su concentración era tal que no se percató que esta persona que tenía al lado le hacía un retrato dibujado, volteando a verla repetidas veces y continuamente. Y yo pensaba: si fuera ella estaría asustada y además ya me hubiese movido de ese puesto. Porque siéndoles sincera, la distancia entre ambos, era estrecha. Se acercaba la siguiente parada, el hombre rasgó la página y escribió una nota detrás del dibujo. El cual vagamente alcancé a ver, sin embargo debo admitir me sorprendió, primero porque el retrato era bueno, tenía técnica y buen ojo; pero principalmente lo que más me asombró era el hecho de que este hombre le había hecho un regalo sin pedirle nada a cambio. Acto seguido se paró rápidamente, notándose hasta apenado, habían tantas personas que no lograba llegar a la salida. Hasta que lo logró. Todavía podía verlo, o mejor dicho, ahora lo pude ver, se sentaba en otro banco con su bolso y su guitarra, viendo como el vagón desaparecía.

Dentro del vagón, todavía estaba la muchacha, con la misma pose y el mismo papel. A ella aparentemente no le había cambiado la mañana. Eso no lo puedo saber. Pero, la mía sí.

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